sábado, 9 de octubre de 2010

Se cansó de la vida y tomó el ascensor


Se cansó de la vida y decidió tomar el ascensor. Fueron muchos los peldaños que llevaba a rastras su corazón,¡Tantas caídas!
La ilusión de alcanzar el primer piso...quitarnos el velo de la ignorancia al mirar que aún nos quedan 364 peldaños más para alcanzar el segundo.

La mente se nos nubla, en ocasiones parece que el sol hace un amago de entrar por la ventana pero los cristales opacos de la soledad le impiden que nos muestre que, en cada peldaño tenemos una cajita de ilusión, esa que nos permite seguir por la dura escalera y subir los escalones, uno a uno. Como borregos al matadero, queremos subir rápido, vivir deprisa y llegar al útimo piso, lo desconocido, ¿qué será? ¿a dónde nos llevará? la curiosidad se adueña de nosotros y pasamos los días buscando atajos que nos permitan avanzar, correr, tachar días en el calendario. Y aquella persona no encontró las cajitas que el sol fue poniendo en cada escalón, fue a tientas, golpeandose con la vida, pisoteando al amor y maldiciendo que la oscuridad, tan silenciosa, fuese siempre un peldaño por encima, quitándola la posibilidad de ver, de soñar, de vivir.
Así, cansada, llorando en una esquina del peldaño 124 y, por puro azar encontró un ascensor cuyo letrero decía: directo a la última planta. No lo dudo, se montó y pulsó el botón. En ese momento, subió tan rápido que se asustó. Por el cristal del ascensor puedo ver, a cientos de kilómetros de velocidad, todo lo que debaja atrás, tantas y tantas cosas que no había podido observar por la oscuridad...y tantas cosas que no volvería a ver jamás. última planta, el ascensor se abre pero ya no hay nadie, un cuerpo inerte con el semblante triste era el contenido de aquella caja llamada vida, la vida que le quitó la vida, paradójico.

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