viernes, 8 de octubre de 2010

Cuando las ilusiones se rompen


Afortunadamente pude comprobar lo estúpido que es el amor. Sí, hasta entonces me consideraba fan de mirar escéptico a todos aquellos que decían que les habían roto el corazón en mil pedazos. El corazón no se rompe no, lo que se rompen son las ilusiones, los sueños, las historias que imaginé en mi cabeza y que nunca ocurrirán, al menos, no contigo. Los viajes que tenía pensado, las risas de un sábado noche y tu abrazo el domingo por la mañana al despertar. Miradas que atraviesan mi mente y me dejan desnudo frente a ti entregándote todo a cambio de nada, la sonrisa que siempre llevo en favoritos en el reproductor de mi mente, la lluvia. La lluvia que nos acompañó esa tarde, la lluvia que me ayudó a disimular las lágrimas que recorrían mi cara.
Un paseo con destino a ninguna parte, una caricia, cogerme de la mano y elevarme al cielo, un beso. Aquel beso que me transportó a otra dimensión y que, sin darte cuenta, me desgarró el corazón, aquella ingenua expresión que fue más mortífera que el cianuro y que sin lugar a dudas, como un tonto, volvería a repetir hasta que no me quedasen fuerzas en mi maltrecho cuerpo.
Una canción de fondo, miradas, tu respiración, mi cabeza haciendo juicios sobre el querer y el poder y de repente otra mirada fulmina mi débil corazón, directo. Estoy muerto, no siento mi respiración y apenas puedo sentir la calidez de tu piel, sin duda alguna estoy muerto, pero de amor y por ello me maldigo una y mil veces.
Me maldigo por mi torpeza, por mi falta de valentía, por dejarte escapar después de haber esperado tu tren días, meses e incluso años. Por repetirme una y otra vez que no es el momento ni el lugar adecuado cuando en realidad lo que estoy es muerto de miedo. Miedo a perderte sin haberte tenido, miedo a que tus labios pronuncien un no que haga que este sueño se desvanezca. Me maldigo por no poder/querer sacarte de mi cabeza, por no querer abandonar la esperanza, que yace ya muerta en mi mente. Por no dejarte escapar ni permanecer, por vivir en el limbo de los sentimientos, entre el eterno debate de la indecisión. Por quererte tanto que la idea de cometer un error haga que retroceda un paso en el camino hacia la conquista de tu corazón. Y sobretodo me maldigo por quererte regalar mi corazón cuando ya te pertenecía desde la primera vez que te vi aparecer en mi camino.
Seré tonto, iluso, cobarde pero lo que si soy con seguridad es una persona enamorada y enamorada de verdad.

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