Y a veces sin más, dejas de sentir. El globo se escapa de las manos, se pierde en el infinito y no levantas la vista para buscarlo. Se fue y no importa.
No buscas en el ayer los porqués del hoy. Te tapas el tatuaje aún a sabiendas de que seguirá ahí por siempre porque lo llevas tatuado en el alma. Es la ilusión por abrir una caja vacía llena de pensamientos que tienen miedo de ver la luz del sol que un día les quemó.
Es detener las agujas del reloj creyendo que controlas el tiempo. Detenerlo a la hora exacta donde la ilusión tomo el sentido opuesto de tu camino.
Es el sms que nunca te llegó pero que siempre esperaste. La llamada de la persona ebria que nunca te despertó.
Esos cientos de cosas que solo ocurrieron en tus sueños a pesar de que tu mente te decía lo contrario.
Era soñar despierto y ser un vagabundo de la realidad.
Un millón ciento cuarenta y dos, las veces que tendré que echar un pulso entre mi corazón y mi orgullo.
Será la incertidumbre del mañana cuando el hoy está agonizando.


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