El 2010 me mira con ojos tristes. Está agonizando, sabe que se le escapa la vida, que es irremediable y que el tiempo no le dará una segunda oportunidad. Lo sabe pero no quiere convertirse en un recuerdo por miedo a ser olvidado. Quiere ser el presente, caminar a mi lado, mecerme entre sus días y acariciarme el cabello los meses de verano mientras tomamos el sol en cualquier rincón del planeta. Yo le miro, le susurro palabras bonitas y sobre todo le doy las gracias.
Gracias por tantos días y noches, por enseñarme que a veces la soledad es un sitio agradable. También te agradezco que me hayas hecho feliz, que me haya reído de los problemas, de la vida y de mí. Que haya encontrado razones para seguir subiendo por la montaña a pesar de temblarme las piernas y tener una resaca de sentimientos en mi interior. Gracias por hacerme valorar lo importante, por castigar a mi corazón, por demostrar que el amor tiene un sabor agridulce que no entiende de razones. Gracias por dejarme soñar despierto, por darme inspiración, por dejarme comprobar que hay flores mucho más bellas que las rosas (tú ya me entiendes).
Te acurruco entre mis brazos y te susurro esta nana para que puedas irte en armonía.
Descansa en paz querido amigo.

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